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Méritos musicales de Alejandro Dolina

La presencia de Alejandro Dolina en la Sala Alfredo Zitarrosa en una serie de actuaciones, da pie para alguna reflexión y comentario. Es posible que el visitante sea una de las personalidades más peculiares que ocupan un espacio en la radio uruguaya. Las transmisiones que cumple El Espectador cada día, desde hace años respaldan esta afirmación.

La radio citada que, por cierto, ha cumplido los ochenta y cinco años de existencia, posee antecedentes valiosos. Personajes como Julio Suárez (Peloduro) o Augusto Bonardo, ofrecieron actuaciones sostenidas en las que la cultura podía llegar al oyente envuelta en una atractiva y seductora vestimenta.

Alejandro Dolina está vinculado a la música popular y fue de los fundadores en 1989 de la Academia Nacional del Tango, nacida a impulsos de Horacio Arturo Ferrer. Al margen de este dato puntual, basta escuchar sus programas que se han desarrollado durante más de diez años a lo largo de todo el territorio argentino y con visitas puntuales a nuestro país, para advertir la sólida impronta musical de su personalidad.

Es cierto que el perfil de sus presentación logra conciliar el humor con interesantes incursiones serias en las que sabe narrar pasajes de la historia universal y de sus personajes con un sesgo que los vuelve atractivos y fáciles de comprender. Este es un mérito enorme en medio del escuálido panorama cultural que padece el Río de la Plata, aunque es justo reconocer que la radio uruguaya se ha mantenido en general a salvo de ese genocidio.

Dolina sabe acompañar desde el teclado los temas que le solicitan, cantándolos él mismo o sus compañeros, que como Manuel Moreira o los dos hijos del propio Alejandro (Ale y Martín Dolina) son también intérpretes calificados. Cuando los temas solicitados son puramente instrumentales, el teclado de Alejandro se luce, al igual que la trompeta de Gillespie (seguramente un seudónimo), otro de los adláteres del conductor.

Es realmente placentero escuchar la afinación impecable con la cual vierten temas de tango, milonga o bossa nova, a veces del jazz como The sunny side of the street. La trompeta, un sonido de saxo que también se entreteje en las interpretaciones, bordan Garota de Ipanema o Insensatez con musicalidad perfecta.

Cuando el intérprete es Manuel u otro, Dolina transporta el tema a la tonalidad elegida por el cantor, revelando su buena formación y, en los comentarios que desliza a veces, se advierte que la armonía no le es ajena.

Suele cantar temas de tango clásicos, del repertorio que el público rioplatense ama. Ha logrado conformar una audiencia multitudinaria en este lado del río y cada presentación suya, como la anunciada en los primeros días de febrero, es merecidamente exitosa siempre.


El País Digital.

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